Crónicas Policiales

Taxistas en la mira: víctimas del delito
Los trabajadores del volante como taxistas y más acá en el tiempo como remiseros, han sido muy vulnerables y muchas veces han pagado con su vida al ser blanco de delincuentes deseosos de ganar dinero fácil.
Tres Arroyos y la zona tienen una larga lista de víctimas imposible de agotar en una apretada crónica en este programa. Lo más lamentable, sin embargo, es que se incluyen casos de resolución extrema que han quedado sucesivamente impunes. En algunos casos los asaltos no han tenido desenlaces trágicos y se han podido recoger algunos testimonios que sirven para validar la seriedad de la cuestión.
Pareciera que el tipo de delito se define por rachas, es decir por acciones repetitivas sobre algún segmento de la sociedad. El asalto a taxistas tuvo su apogeo en distintos momentos de la historia, pero a principios de la década del 70 parecieran concentrarse muchos de estos acontecimientos con verdaderos raids que en forma directa o indirecta afectaron a propietarios o peones de coches de alquiler.
En enero de 1973 se produjo uno de esos picos históricos que mencionamos, afortunadamente sin resultados lamentables. El lunes 4 de noviembre de 1968 fue hallado en un camino vecinal un taxi y el cuerpo sin vida de su propietario, Alberto Oscar Tapia, de 39 años en su interior.
Era la 1,45 y había sido contratado el sábado poco antes de las 23 en la parada de la plaza San Martín para un viaje a Vázquez. Como se demoraba, se inició la búsqueda. Lo encontraron con un disparo en la nuca y el caso nunca se aclaró.
El 19 de agosto de 1976 fue asesinado de un disparo, también en la nuca, Emiliano Alonso, de 58 años.
Había cenado de manera apresurada a las 21 porque debía realizar un viaje, según le dijo a su esposa.
Su cuerpo fue encontrado en la avenida Almafuerte cerca del arroyo del Medio. El auto fue encontrado en avenida Caseros casi ruta 3.
Se presupone intenciones de robo, pero nunca se aclaró el caso.
El 12 de mayo de 1987 el taxista Manuel José González fue golpeado reiteradamente en la cabeza y baleado en el interior de su auto. El cuerpo fue hallado dentro del vehículo en la avenida Aníbal Ponce y calle 9 de julio. Nunca fue esclarecido este suceso.
En julio de 1996 la sicóloga y socióloga Norma Pierotti escribía sobre estas cuestiones señalando que “la impunidad es una muerte en pedacitos”, precisamente haciendo referencia a esta sucesión de hechos.
Tras un lúcido análisis de la situación de aquella época, que no ha cambiado sustancialmente en este tema, afirmaba la profesional que la ausencia de ley y de justicia nos deja sin amparo. La impunidad duele y es importante que nos duela, porque funciona avisando de que algo no anda bien y nos da la posibilidad de curarlo.
Reconociendo cómo nos compromete y daña a todos de una u otra manera, generaremos mecanismos de protección que nos permitan revitalizar los valores que sentimos perdidos.
Pero volviendo a los taxistas, digamos que hubo trabajadores que afortunadamente pudieron contarlo y sus testimonios quedaron registrados.
El día 8 de enero de 1973 era asaltado un taxista de apellido D’Annunzio y conexo también la estación de servicio de la firma Genovesi.
D’Annunzio fue liberado en el camino de acceso a Pehuen Có, mientras que su automóvil fue abandonado en proximidades de Cascallares.
Diez días después se concretaba el asalto de un taxista en G. Chaves, señor Teófilo Herrero. Los delincuentes ya tenían secuestrado a otro taxista, el tresarroyense Palermo y un vecino de San Mayol de apellido danés.
Recorrieron diversos caminos vecinales en la zona de De La Garma y la liberación se produjo cerca de Mariano Roldán, distrito de B. Juárez.
Un doble asesinato en la impunidad (y otros casos)
El 17 de julio de 1970, se cumplen ahora 45 años de su ocurrencia, la comunidad se conmovía con el atroz asesinato de una pareja, suceso que nunca fue esclarecido.
En la mañana de esa fecha un carnicero que ocupaba el local del frente, descubría la trágica situación cuando concurría para poner en funcionamiento su comercio.
Alberto Ismael, quien sería el que daría aviso inmediato a la policía, encontró en la casa de Gomila 414 los cuerpos de Jacinto Ale y Elisa Barragán. Integraban un matrimonio mayor que había sido masacrado a golpes con un asador que fue luego dejado en el mismo escenario del crimen prolijamente apoyado contra una pared.
Rápidamente la policía y la comunidad toda relacionaron esa trágica situación a la actividad que Ale desarrollaba, pues era un conocido prestamista. La teoría fue abonada por algunos detalles hallados en la escena del crimen, como un cofre pequeño de madera que se hallaba sobre una mesa, abierto y casi vacío.
Lo que había allí eran algunos papeles de ningún valor para la investigación, pero se supuso que el resto faltante podría referirse a documentos firmados por eventuales tomadores de préstamos en dinero a intereses que habitualmente son usurarios. Lo concreto es que hubo algunos demorados y otras personas fuertemente sospechadas, incluyendo un conocido comerciante de aquella época.
No hubo pruebas concretas, sin embargo, de modo que este brutal doble crimen si bien fue de fuerte repercusión pública y de constante atención de los medios, quedó finalmente impune.
A 45 años del suceso, puede decirse que es uno de los más graves que integra una larga lista de asesinatos que han quedado impunes. Varios taxistas (de los que me ocupo en nota separada) también perdieron la vida en manos de delincuentes, lo mismo que la señora Elina Irene Destain de Fernández Orquin que fue asesinada en su casa de Alvear 240 el primero de enero de 1986.
Tres sujetos jóvenes con sus caras cubiertas, ingresaron a las 23,30 y ante los gritos de la mujer la ultimaron de un balazo en la nuca.
A juzgar de todos estos sucesos y otros muchos que permanecen impunes podría decirse que en Tres Arroyos existe el crimen perfecto.
El suicidio de un ex concejal tresarroyense
Honda preocupación primero y consternación después, produjo la desaparición y muerte por suicidio de Alfredo Appathie, quien había sido concejal del Partido Conservador. El suceso tuvo lugar entre el primero y el dos de marzo de 1934 en circunstancias llamativas que fueron consignadas por las crónicas de la época. El día primero de ese mes denunció en la comisaría local el señor Enrique Cruz Appathie, hermano de aquel y en representación de su cuñada y esposa del ex concejal, Juana Pailhé, la desaparición del vecino tresarroyense. Se decía que Alfredo había salido de su casa para dirigirse al escritorio de un conocido martillero para efectuar un pago, cosa que no pudo hacer por cuanto el lugar estaba cerrado. Llevaba consigo una importante suma de dinero, un reloj de oro con cadena de oro y platino y dos anillos de oro. Appathie tenía 37 años, había sido concejal conservador y era un conocido hacendado con establecimiento en el cuartel 9, donde tenía registrado su domicilio. Se lo caracterizaba como un hombre de costumbres sobrias y metódico en su accionar, por lo que rápidamente cobró cuerpo la posibilidad de que fuera víctima de un hecho delictivo. Los datos precedentes consignados por el diario La Nación, fueron ampliados luego por el diario Crítica que decía que Appathie una vez llegado a la Capital Federal envió a su esposa la suma de 80 pesos, el reloj y la cadena de oro. El sobre fue efectivamente recibido por la mujer, figurando en el mismo el membrete de un hotel situado en Tucumán 450 de la Capital. Los esfuerzos familiares por contactarse fueron inútiles y pocas horas después se confirmaban las más nefastas presunciones. La policía de Rosario confirmaba que había sido hallado muerto el vecino tresarroyense en el Hotel América, ubicado en San Lorenzo 1531, con un disparo en la cabeza. El dueño del establecimiento relató que Appathie almorzó en el lugar y luego pidió una habitación para descansar. Poco después el personal escuchó el estampido y se dio intervención a la policía para abrir la puerta. Crítica consignaba que se ignoraban los motivos de la determinación y que solamente se encontró entre sus ropas una nota de venta de una farmacia. Luego el corresponsal se hacía eco de comentarios sobre eventuales malos negocios. Decía al respecto que el ex concejal disfrutaba de una inmejorable situación en nuestro medio, que había sido hombre de fortuna pero que había quedado en condición de arrendatario de un pequeño campo en Ochandio que dedicaba a la agricultura. Textualmente decía que “su situación pecuniaria le había amargado la vida desde hacía un tiempo. En 1929 había desempeñado el cargo de concejal del Partido Conservador con una actuación reconocida por amigos y adversarios. Al momento de su muerte tenía un hijo y su esposa se hallaba embarazada.
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La historia de un perejil
En agosto de 1959 aparecía muerto de una puñalada en el corazón Oscar Quiroga, soltero, de 29 años, tirado en la vereda de San Lorenzo al 930, a pocos metros de su domicilio.
La investigación apuntó rápidamente hacia Eleuterio Dolagaray (Guigo) –ver en “semblanzas”—sobre todo por la imputación de Ramona Quinteros quien afirmaba que había visto a ambos en esa zona.
Había dicho que los protagonistas habían recorrido varios bares en compañía de Carlos Fagalde y que luego todos se habían encontrado en la casa de Dolagaray, en San Lorenzo y Rodríguez Peña.
Se mencionaba que también estuvieron Héctor Domínguez, Nicolás Arance y Oscar Martínez, además de la citada mujer quien aparentemente era la única que imputaba de manera directa.
La reunión que ya venía precedida de un periplo previo por los bares de la ciudad se hizo con riego abundante de bebidas alcohólicas.
Dolagaray fue detenido, pero finalmente debió ser liberado pues no pudieron probarse los dichos de Quinteros.
El asalto al Banco Comercial y la perspicacia de “El Corto”
Es notable la forma en que la memoria colectiva registra de manera indeleble algunos acontecimientos pero olvida otros más significativos. En este caso sobre cuestiones policiales.
La frase “Dispare Tortorella”, acuñada durante el famoso tiroteo del bar El Laso, ha quedado registrada sin peligro de pérdida aún transcurrido mucho tiempo. Oportunamente me ocuparé de este caso.
Sin embargo nadie recuerda a quien fue el verdadero revelador de los responsables del asalto al Banco Comercial de Tres Arroyos, un simple policía al que todos apodaban “El Corto”.
Demás está decir que dicho asalto es el más importante delito cometido por la fuerza en una institución bancaria local. Fue el policía Osvaldo Mársico, una persona obviamente de corta estatura que determinaba su apodo, quien con su perspicacia logró el esclarecimiento del suceso.
Los responsables del exitoso hecho delictivo habían sido Robert Darwin Sabatini y el agricultor Antonio Ordínez, suceso que se ubica en los primeros tramos de la década del 60.
La policía iba y venía buscando responsables, extendiendo las averiguaciones a ciudades vecinas, incluyendo Bahía Blanca con intervención de pesquisas de la policía de la provincia.
Sin embargo, la verdad estaba a la vuelta de la esquina, se podría decir. La punta del ovillo comenzó a desarmarse en una peluquería de damas.
En almuerzo familiar, la esposa de El Corto comentó que una conocida había dejado suculenta propina a la peluquera cuando se sabía que siempre tenía limitaciones económicas. Era la mujer de uno de aquellos nombrados. Mársico por las suyas comenzó a hacer averiguaciones y detectó que también en el Mercado del Plata un sujeto había dejado una propina de 400 pesos y se desplazaba en un automóvil nuevo, marca Citroen, que había comprado en Bahía Blanca al contado.
Los datos acumulados fueron puestos en conocimiento del comisario de entonces y desde ese momento se concretó la resolución del caso.
Sabatini y Ordínez fueron detenidos y confesaron la autoría del suceso. El primero de ello pretendió involucrar a Alberto González, empleado del Banco Comercial y a un ordenanza del Banco Nación, Américo Ledesma a quien señaló como presunto facilitador del acceso al banco asaltado.
Las investigaciones dejarían fuera del caso a ambos quienes fueron motivo luego de una cena de desagravio.
Los responsables serían condenados y buena parte del dinero recuperado, pero en la historia ha quedado en el olvido el rol que tuvo en tan resonante suceso un simple policía, “El Corto” Osvaldo Mársico
De la policía y el periodismo
Históricamente la relación entre el periodismo y la policía u otras fuerzas de seguridad, ha sido tensa por lo general, aunque con períodos de indulgencia muy puntuales. Es natural que esas actividades transiten por veredas distintas porque, precisamente, son muy distintas las funciones que cumplen. Por lo menos si lo hacen como corresponde. En Tres Arroyos se han atravesado períodos muy conflictivos, pero particularmente la institución policial quedó fuertemente cuestionada y desprestigiada luego del infortunado crimen de Nair Mostafá. Ese fue el punto de inflexión del que nunca se pudo volver y que al parecer del que ya no se volverá. Tres Arroyos es hoy un virtual castigo para cualquier funcionario policial que resulte trasladado a nuestro medio. Resulta una plaza difícil por muchas razones que no voy a enumerar aquí pero que tiene que ver también con la historia propia que la ciudad tiene. Buena parte de esas historias de un submundo muy oscuro está siendo contada en “esto es Historia” en las crónicas prostibularias. Lo cierto es que salvo períodos de indulgencia periodística a cambio de información reservada o con carácter de primicia, es decir fuera de esos negociados especiales, la relación de las partes ha transitado casi siempre por los desencuentros. En la década del 30, con los conservadores adueñados del poder y con una policía al servicio de la política, ya el periodismo acusaba por la inacabable acción delictiva en Tres Arroyos. El diario Crítica en su edición del 28 de diciembre de 1933 a través de su corresponsal decía que “con motivo de los continuos robos y asaltos como también surge enorme clandestinismo, los diarios locales hacen una intensa campaña contra el subcomisario Pío Pelufo, que está al frente de la comisaría local. La Voz del Pueblo en su edición de hoy lo acusa de hacer absoluto abandono de sus deberes y sus obligaciones para dedicarse a organizar orgías con varios amigos en las casas donde bajo su protección se practica el clandestinismo y que transforma a las oficinas de la repartición en agencias de esa clase de negocios. Con fecha de ayer el director de dicho diario se dirigió en un enérgico telegrama al Jefe de Policía por cuanto se le niegan informaciones, hecho este que esta corresponsalía ha podido comprobar pues que tampoco da información a Crítica ni a ningún otro periódico.” El diario La Nación, también por su corresponsal en Tres Arroyos decía el 12 de setiembre de ese mismo año que “el personal de policía de Tres Arroyos actúa de manera deficiente. Quedan impunes los delitos que se vienen cometiendo contra la propiedad.” Señala que “es imprescindible que la jefatura intervenga para normalizar tal estado de cosas” “Ùltimamente presentó su renuncia al cargo de oficial inspector Alfredo Brizuela, meritorio empleado que cumplía correctamente su misión, por estar en completo desacuerdo con los procederes del subcomisario.” “Diariamente se cometen robos que no son denunciados por los damnificados ante la seguridad de que la policía no hará nada para detener a los autores.” “La policía niega información a los diarios” Sería una utopía pensar que en este espacio podríamos detallar los “desencuentros” ocurridos en los últimos 80 años, pero los mismos se produjeron repetidamente. Prueba de ello es la nota editorial que LU 24 ponía al aire en la década del 80 en la voz de Oscar Mauri y luego que hubiera un fuerte reclamo de productores agropecuarios por la repetición de sucesos delictivos en la zona rural.
Los excesos policiales son otra cuestión y las denuncias por apremios han sido muchas. Se me ocurre como emblemática la situación ocurrida a los ciudadanos Gálvez Guajardo a principios de la década del 70. Pero eso es otra historia.
La ilustración es una foto que ganara un premio internacional donde muestra la extrema violencia policial en Brasil.
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Descalzo y sin el queso
Si no fuera por el trágico desenlace, la crónica de Noticias Gráficas del 3 de octubre de 1933, movería a la hilaridad.
Un hombre se jugó las zapatillas y un queso y cuando perdió dio muerte a su contrincante.
La noticia decía que “en la casa de negocio de Ale Ipamad, de calle San Martín 402, aproximadamente a las 18, se hallaban jugando a los naipes Antonio Conti, de 47 años, casado, domiciliado en Castelli 460, obrero municipal, y Jacobo Knollinger, de 35 años, casado, jornalero, suscitándose una acalorada discusión a raíz del juego.
Knollinger invitó a su compañero a jugar primeramente por las copas, luego por un par de zapatillas y más tarde por un queso, favoreciendo todos los partidos jugados a Conti. Cuando llegó el momento de arreglar cuentas, Knollinger se negó a pagar mientras que Conti había comenzado a
cortar el queso con el propósito de comer, en el mismo instante que aquel, enfurecido, se levantó de su asiento y desenfundando un revólver pretendió disparar contra Conti.
No lo logró inmediatamente por la intervención de algunos parroquianos que se hallaban en el lugar.
No obstante Knollinger insistía en agredir a su compañero y amenazando a los que lo sujetaban consiguió desasirse de los mismos, oportunidad que aprovechó para hacer el primer disparo hiriéndolo en la ingle izquierda y cuando el herido se inclinaba hízole un segundo disparo que entró
por el frontal izquierdo, cayendo gravemente herido.
Trasladado Conti al Hospital Pirovano en un camión, dejó de existir en el camino.
El muerto deja en la indigencia a su esposa con 10 hijos. El heridor empleó un revólver calibre 38 largo. Intervino la policía que detuvo al matador y secuestró el arma empleada.”
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Asalto a Germán Carrera (1934)
LA APLICACIÓN DEL GOLPE DE FURCA

Drogas: mucho ruido y pocas nueces
Primera parte
No es necesario puntualizar en este espacio de recuperación de memoria histórica, lo que en la actualidad preocupa el tema del consumo, tráfico y comercialización de estupefacientes. Hoy el tema se ha instalado con fuerza en todo el país, asiento ya de verdaderas estructuras de narcotraficantes. Tres Arroyos no está ajena a ese proceso y la población percibe que el problema se agudiza progresivamente, más allá de algunos procedimientos y casos puntuales como aquel de los “alfajores blancos”.
En varias ocasiones el tema ha tenido una explicitación pública fuerte. Son situaciones espasmódicas que luego se diluyen y permiten decir que en materia de lucha contras las drogas ha habido siempre mucho ruido y pocas nueces. Una de esas manifestaciones públicas se produjo muchos años atrás, en la década del 90, cuando los jueces civiles y comerciales Santiago Omar Bernat e Iber Omar Piovani, y el penal Bernardo Bibel, anunciaban una acción conjunta como consecuencia de una denuncia recibida por el primero de los citados.
Recordemos lo que decían en la ocasión:
Drogas: mucho ruido y pocas nueces
Segunda parte
En crónica separada hice referencia a una situación que motivó una posición conjunta de los jueces actuantes en Tres Arroyos en aquel momento respecto al tráfico de estupefacientes. Los magistrados decían, entre otras cosas, que era imperiosa la intervención del poder político en la consideración de este tema que, por otra parte, nunca fue resuelto. Lo cierto que la problemática de la droga fue uno de los temas de mayor preocupación del entonces concejal del vecinalismo, Nebel Pereyra, muy conocedor del impacto que la cuestión tenía y tiene en sectores muy determinados de la población. Aunque, debemos aclarar, hoy no hay fronteras sociales al respecto.
Lo concreto es que Pereyra palpaba desde el mundo del boxeo y su relación con el Hogar El Amanecer, la incidencia creciente de la droga. Su acceso a una banca del Concejo Deliberante le permitió trasladar públicamente su preocupación.
Hubo una sesión presidida por el señor Horacio Ale, en que se debatió la cuestión con la participación de varios ediles representantes de distintos partidos políticos. Era Intendente el doctor Fernando Ricci y se pone en evidencia la desorientación existente para el tratamiento de la cuestión, más allá de los diagnósticos.
Si bien hubo otros intervinientes, como Susana Dibbern, los principales expositores fueron Nebel Pereyra, Norma Gaído, Graciela De Leo, Eduardo Duca, Francisco Aramberri y Vicente Cianci.
Muerte en el campo El Micheo (16-02-2013)

Secuestros notorios
El 10 de agosto de 2013 se hizo referencia en “esto es Historia” al origen del Boletín Policial y a los secuestros más notorios producidos en Tres Arroyos.